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Para muchas personas sus animales son toda la familia que tienen.

Él es Alfonso y ella su perrita Princesa. Ambos fueron identificados por moradores de la avenida Quito ubicada al centro sur de Guayaquil, viviendo de vereda en vereda, buscando el sustento diario a partir de la buena voluntad de las personas alrededor. Alfonso está solo, pertenece a la tercera edad, tiene algunas capacidades físicas especiales, le ha resultado difícil obtener un trabajo y más en tiempos de pandemia. Hace seis meses Princesa lo encontró, como él lo cuenta. Era una noche de lluvia y ella se cobijó en la cama improvisada que él tenía en el suelo, se sacó su única camiseta y la abrigó, la perrita estaba empapada. Desde esa noche se han vuelto inseparables. Aproximadamente al mes y medio de convivir con Princesa, un vecino de la cuadra le dijo que esa perra le pertenecía, a lo que Alfonso se negó rotundamente. Además, acotó que él la había cuidado y alimentado y que ahora era suya, el vecino no insistió mucho y comentó que la perra vivía en su casa, pero su esposa la había lanzado desde el balcón de un segundo piso porque estaba cansada de que se hiciera sus necesidades en los muebles. Alfonso recordó que Princesa llegó coja, pero conforme pasaron los días se recuperó. ¨Ella es mi familia. Sería raro estar sin ella, ella es una enviada de dios, yo sin ella me muero¨, son las palabras que expresa cuando le preguntamos qué significa Princesa para él. Alfonso también supo contarnos que solicitó refugio a una casa hogar para personas en situación de calle en la ciudad de Guayaquil, pero que no le permitían llevar a su perra, por lo cual no aceptó.

Lamentablemente la situación de Alfonso y Princesa, es como la de muchos en esta ciudad. El factor común en ambos es la situación de vulnerabilidad y la ausencia de políticas públicas que respondan a este tipo de realidades y que además de resolverlas, tiendan a prevenirlas. 

Este caso nos sirve para abordar la necesidad de contar con políticas públicas de protección animal, que se encuentren articuladas junto a otros marcos legislativos de protección de derechos humanos y viceversa. La negación de Alfonso de asistir a una casa de acogida, lo cual es urgente para preservar su vida más aún en las condiciones físicas que enfrenta, se debe a que muchos de estos sitios no contemplan el vínculo emocional que las personas comparten con sus animales. En su caso y como él mismo lo describe, su perra Princesa es su familia y no quiere desprenderse de ella.

Esta misma situación se vivió en el terremoto del 2016 en Ecuador, cuando los refugios dispuestos por el COE Nacional, no permitían el ingreso de animales y ante lo cual, muchas familias se vieron fracturadas, entre miembros que acudieron a refugiarse en las carpas, mientras otros se quedaban fuera de estas en compañía de sus animales e incluso en sus casas, aún con el riesgo de que pudiesen desmoronarse.

Pero ¿Qué hacer entonces? primero, entender cuál es la función de las administraciones públicas. Marshall E. Dimock lo conceptualizó así: «La administración pública no es meramente una máquina inanimada que ejecuta irreflexiblemente el trabajo del gobierno. Si la administración pública tiene relación con los problemas del gobierno, es que está interesada en conseguir los fines y los objetivos del Estado. La administración pública es el Estado en acción, el Estado como constructor». Bajo esta lógica, es la institución pública la que ha de poner estos problemas como los pendientes a resolver, porque lo cierto es que, muchas instituciones del estado no contemplan a los animales en sus planes y programas de acción, ante situaciones de emergencia y catástrofe.

Es vital que las autoridades al frente de las administraciones públicas comprendan que las leyes, ordenanzas, planes, programas y proyectos al servicio de la comunidad, no son meros instrumentos administrativos, que su utilidad se mide por la capacidad que tienen de responder ante una demanda ciudadana en toda su complejidad. La relación entre humanos y animales ha cambiado muchísimo a través de la historia. Los animales tuvieron fines utilitarios para la sobrevivencia del ser humano en un sentido físico, pero a partir de eso, se fue desarrollando una interacción que a día de hoy, en muchísimos casos, no difiere de la que se tiene con cualquier otro miembro humano de la familia. 

Por tanto, el Estado debe reinventarse y ajustarse a los tiempos actuales. La movilización para promover los derechos de los animales, parte justamente de esa consideración moral que se ha venido desarrollando como el histórico de esa conciencia colectiva, que cada vez va colando a más y más personas.

Consultando algunas casas de acogida, encontramos que ¨Casa Matilde¨ creada en 1990 en la ciudad de Quito, la cual funciona por autogestión y es una entidad sin fines de lucro, indica que no se ha presentado hasta el momento, ninguna situación en la cual una persona que requiera refugio tenga la necesidad de ir con su animal de familia. Así mismo, la casa refugio por su parte, no cuenta con un programa que permita ese tipo de situaciones de darse el caso. 

El ¨Albergue San Juan de Dios¨ fundado en 1987 para atender personas migrantes y en situación de calle, también es privado y está ubicado en la ciudad de Quito. Indicó que no permite mascotas. La ¨Junta de Beneficencia de Guayaquil¨ permite en casos especiales donde los residentes pagan por su estadía y condiciones que le permiten tener al animal, esa opción no está al alcance de personas en situación de vulnerabilidad extrema.

Algunas de estas organizaciones si bien son privadas, trabajan de forma articulada con instituciones del gobierno, tal es el caso del Centro Ecuatoriano de Acción y Promoción para la Mujer CEPAM, que brinda apoyo psicológico y legal a mujeres víctimas de violencia de género. A partir de un estudio acerca de la relación entre la violencia a las mujeres y a sus animales por parte de sus agresores, se constató que 7 de cada 10 mujeres que acude a CEPAM, convive con animales y mantienen una relación significativa con ellos. A partir de ello, el centro incorporó en los protocolos de abordaje a víctimas de violencia, la pregunta de si tenían o no animales en su casa, justamente para hacer un abordaje más amplio de la realidad de estas mujeres.

Esta es una muestra de los pequeños pasos que vamos dando en la comprensión del lazo afectivo que une a las personas con sus animales, así como el impacto que representa en su salud física y psicológica. Sin el entendimiento de esto, se está dejando por fuera la protección de los animales como individuos con capacidad de sentir y que forman parte de un núcleo familiar, pero también se está limitando el derecho al bienestar de los miembros de una comunidad donde muchos tienen necesidades psicológicas y físicas directamente relacionadas con sus animales.

Las casas de acogida desde lo público, deberían implementar las condiciones precisas para que las personas en estado de vulnerabilidad, que requieran ser incluidas dentro de sus planes de refugio, puedan acudir con sus animales de familia, si así lo requieren. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid realizó una campaña para acoger a los indigentes y a sus animales, ofertando 150 plazas para que estas personas y sus perros o gatos acudan a un albergue durante el invierno.

¨Una mejor comprensión de los lazos afectivos entre humanos y animales, y la influencia que estos vínculos pueden tener en las decisiones de las personas que se encuentran en situaciones de desastre y emergencia, es particularmente importante, ya que su inclusión en la gestión de emergencias puede favorecer la seguridad pública y la supervivencia de las personas afectadas. Asimismo, proporcionar atención y cuidados a los animales en todas las etapas de la gestión del desastre facilita la recuperación psicosocial de las personas que conviven con animales, y favorece la resiliencia de la comunidad afectadaLa importancia y necesidad crítica de incluir a los animales en los planes, los protocolos y las acciones de respuesta en desastres y emergencias, CoPPA Prevención.

Es cierto que muchas administraciones, por no decir todas, siempre verán sus presupuestos reducidos, en contraste con las necesidades a satisfacer en la sociedad. Sin embargo, el enfoque integral en el trabajo de brindar bienestar a la población humana y animal, debe hallar la forma de ir implementando las políticas públicas requeridas de forma gradual, aliándose con otras instituciones públicas o incluso privadas. Fundaciones de protección animal entienden bien la problemática social en la que están inmersos los animales. Convenios de colaboración donde una red de voluntariado civil se encargue de brindar y gestionar casas de acogida temporal para animales de familia, podría al menos darle más tiempo a la administración para adecuar sus sitios de acogida a personas que esperan convivir allí con sus animales.

Adicional a ello, envía un mensaje poderoso a la sociedad de que los animales son parte de la comunidad, del bienestar humano y por tanto, deben ser protegidos y considerados en los planes de política pública, así como protegidos por cada familia que convive con un animal de forma particular. El modelo de trabajo de instituciones excepcionales en España como Asociación FEEL y Fundación Hope & help, aportan una excelente perspectiva en la construcción de estos proyectos. Ambas organizaciones asisten a los animales de personas que por motivos de fuerza mayor, no puedan sacar a pasear a sus animales o cuidarlos indefinidamente. 

La articulación de un gobierno con organizaciones civiles, en la suma de esfuerzos para promover el bienestar integral de la sociedad, valorando la calidad de vida de humanos y animales, así como el estrecho vínculo que comparten, marcará la rotunda diferencia entre un estado que no suple las necesidades de sus mandantes y uno que está comprometido en cumplir dicho fin.

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El IPPPA, Instituto para las Políticas Públicas de Protección Animal, es un organismo educativo destinado a ofrecer y proporcionar a las administraciones públicas formación en materia de protección animal.

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